viernes, 12 de septiembre de 2008
Tengo la absurda creencia de que cuando desaparezca, no habrá nadie capaz de llegar a dónde yo llego, ni de hacer lo que yo hago. Sé que eso no es cierto, siempre me podrás sustituir. Y aunque sé que ni hoy ni mañana lo notarás. Los papeles se pueden acumular encima de la mesa. Las llamadas se pueden acumular en el contestador. Las citas se pueden posponer. Las promesas se pueden alargar.. Que hoy ni mañana… Pero, ¿Qué me decis de pasado mañana? ¿De la semana que viene? Un día, algún día, mirarás hacia atrás y te preguntarás qué es lo que ha cambiado. Por más que me hayas olvidado. Por más que me hayas ignorado. Por más que te lo niegues… me echarás de menos. Hay cosas que sólo yo sé hacerlas. Que sólo yo se hacerlas, como las hago: ni mejor ni peor, a mi manera. A la manera a la que te he acostumbrado. Y ese día, por más que lo intentes, no podrás recordar cómo desaparecí, ni cuando… y desde luego, no sabrás dónde estoy ni cómo buscarme.
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